El enclave petrolero del Golfo Pérsico volvió al centro del conflicto tras una ofensiva que podría alterar el equilibrio en Medio Oriente.
«Quien controla la isla de Kharg, controla el destino de esta guerra». La afirmación la hizo un cercano aliado de Donald Trump, el senador republicano Lindsey Graham. El protagonismo que ha cobrado en las últimas horas el pequeño afloramiento coralino en el Golfo Pérsico le da la razón al legislador.
Según pudo saber Notas de Actualidad, la isla de Kharg se ha convertido en un polo de interés en los esfuerzos por forzar a Irán a aflojar el bloqueo selectivo que mantiene sobre el estrecho de Ormuz. Los recientes ataques sobre la infraestructura militar de Kharg han sido celebrados por Trump como un trofeo de guerra, pero la amenaza de ampliar la ofensiva puede desatar consecuencias incalculables en la escalada del conflicto.
«Atacar la infraestructura iraní es un movimiento peligroso con graves consecuencias», advirtió el 7 de marzo Abbas Araqchi, canciller iraní, una semana antes de los ataques de «precisión» de las fuerzas estadounidenses sobre la isla. «Estados Unidos estableció este precedente, no Irán», agregó Araqchi.
La plataforma de rastreo marítimo TankerTrackers verifica que esa infraestructura está intacta y operativa. Desde que comenzó la guerra, Irán ha exportado 13,7 millones de barriles. La mayoría de ellos han sido cargados en la isla de Kharg.
El neurálgico punto ya había sido atacado en el pasado. En marzo de 1988, durante la guerra contra Irak, Bagdad golpeó los muelles de carga, que sufrieron graves daños. En ese momento, Teherán desplazó las operaciones de exportación a otros terminales petroleros.
¿Un ataque disuasivo o el inicio de una escalada?
El 13 de marzo, Estado Unidos concretó lo que hasta entonces era solo una amenaza, según lo anunciado por el Mando Central del Ejército de EE. UU. (CENTCOM).
Washington impactó 90 objetivos, entre los que se cuentan defensas aéreas, una plaza de radar, el aeropuerto y una base de aerodeslizadores, de acuerdo con un análisis satelital del Instituto para el Estudio de la Guerra y el Proyecto de Amenazas Críticas del American Enterprise Institute.
«Puede que lo golpeemos unas cuantas veces más solo por diversión”
Irán sostiene que antes de eso, ya las fuerzas estadounidenses habían atacado la isla de Abu Musa, en disputa con Emiratos Árabes Unidos desde 1971, y una planta desalinizadora en la isla Qesh, la más grande del Golfo Pérsico, ubicada cerca del estrecho de Ormuz, algo que EE. UU. niega.
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Reivindica, en cambio, haber “destruido totalmente” la infraestructura militar de Kharg, dejando intactos, pero no a salvo, los activos petroleros, porque Trump declaró la noche del 14 de marzo a la cadena local ‘NBC’ que «puede que lo golpeemos unas cuantas veces más solo por diversión”.

Según Trump, si «Irán, o cualquier otro, hace algo que interfiera con el paso libre y seguro de los barcos a través del estrecho de Ormuz», Estados Unidos podría reconsiderar su posición de no atacar objetivos petroleros.
Ver amenazada su posición en el corazón económico del país podría tener un efecto disuasorio sobre el régimen de Teherán, según le declaró a la agencia de noticias AP Petras Katinas, investigador energético del Royal United Services Institute.
«No importa qué régimen esté en el poder, nuevo o antiguo. Una toma de poder daría a Estados Unidos una ventaja sobre las negociaciones con Irán porque la isla es ‘el nodo principal’ de su economía”, indicó Katinas.
Pero si los ataques del 13 de marzo alentaron alguna posibilidad de aflojar el cierre parcial del estrecho de Ormuz, nuevas ofensivas sobre la isla de Kharg complicarían el panorama en lugar de acercar una solución, de acuerdo con el análisis del equipo global de investigación de materias primas de JPMorgan.
Una ampliación de los ataques “detendría inmediatamente la mayor parte de las exportaciones de crudo de Irán, lo que probablemente desencadenaría una fuerte represalia en el estrecho de Ormuz o contra infraestructuras energéticas regionales”, advierte el informe de JPMorgan.
Un portavoz del Cuartel General del Central de Jatam al Anbiya, el conglomerado de ingeniería y construcción propiedad de la Guardia Revolucionaria iraní, fue muy gráfico para validar la alerta de JPMorgan.
«Si se produce un ataque contra la infraestructura petrolera, económica y energética, toda la infraestructura petrolera, económica y energética perteneciente a las compañías petroleras de la región que tengan acciones estadounidenses o cooperen con Estados Unidos será destruida y convertida en un montón de cenizas», dijo el vocero.
En este momento Irán es el tercer mayor exportador de la OPEP, aportando el 4,5% del suministro global de crudo. A pesar de las sanciones que persisten, la empresa de análisis energético Kpler detectó que el país sigue produciendo unos cuatro millones de barriles diarios y exportando entre uno y 1,5 millones.
Una merma en ese suministro golpearía gravemente la capacidad de Irán de seguir financiando su infraestructura militar y apuntalando el poder de la Guardia Revolucionaria, pero podría también tener un efecto en el alza de los precios del crudo, que es hasta ahora la consecuencia más dolorosa del conflicto en la economía estadounidense.

